Teoría del tunel

 

MODELO DEL TUNEL
Por León Benasayag

Introducción

La observación de numerosos pacientes con cuadros somáticos nos ha permitido formular a lo largo de su evolución los conceptos que aquí desarrollamos. 
Es importante destacar que la aplicación de esta teoría,  NO está relacionada con el nivel intelectual (normal o patológico).  En  cambio, está relacionada con la estructuración de la personalidad del paciente, quien resignifica (da un nuevo significado), a un estímulo determinado, al cual le otorga una importancia definida y propia. 
Esta teoría intenta aportar pistas para explicar los SINTOMAS FISICOS (ejemplo convulsión, manifestaciones dermatológicas, cefaleas,  etc.), que se originan a partir de conflictos o cuadros emocionales del paciente.
Tomamos el modelo de quien presenta convulsiones, pero puede aplicarse  en otras afecciones, como lo mencionamos posteriormente.
Pudimos observar  que previamente a la aparición de una crisis convulsiva, en un porcentaje de casos, existía el antecedente de una situación emocional traumática o desbordante, que queda latente por un cierto tiempo, hasta que hace eclosión en una crisis convulsiva. Pensamos que la posibilidad de hablar y/o expresar la vivencia (traumática o desbordante) no fue un medio suficiente para la evacuación de un contenido de gran voltaje ya sea  por  una vivencia negativa o positiva. Por ello el organismo se expresa utilizando la vía física (convulsión, etc.).
En consecuencia,  no solamente las vivencias traumáticas negativas, llevan a utilizar el cuerpo como vía de expresión, ya que también pudimos ver que en otros momentos, el mismo paciente, frente a situaciones gratificantes, inusuales, importantes o extensas, llegaba también a un cuadro convulsivo. 
Posteriormente, encontramos ya descripto,  que los pacientes que sufrían de Fibromialgia tenían una secuencia similar, en cuanto a estrés/alegría, seguido de un cuadro de dolor a nivel muscular y osteoarticular.  Observamos que luego de situaciones placenteras, también la secuencia posterior, era la aparición de dolor muscular / osteoarticular. Un ejemplo repetido es el de una abuela, que pudimos observar, que luego de pasar un domingo festivo y placentero con sus nietos, el día lunes presentaba su sintomatología más florida. A partir de allí concebimos la llamada Teoría del Túnel, que pasamos a explicar.


Presentación de la Teoría del Túnel

Se puede pensar en un túnel imaginario en el cual el paciente vive/circula por el centro de éste, rodeado de un espacio que le permite movimiento, confort,  aire y luz. Luego aparece una capa esponjosa y elástica, que toma contacto con una última capa externa y rígida como si fuera de acero.
Mientras el paciente circule por el centro, le es confortable. En caso que aparezcan situaciones de estrés que le son tolerables, la persona las reconoce, metaboliza y sigue su vida normalmente; ya que  lo resguarda la capa esponjosa y elástica. Pero cuando el nivel de estrés supera la intensidad de la barrera  flexible, es decir, se vive como un estrés excesivo, ya sea por la intensidad o la duración de un estímulo agresivo o gratificante, la situación se vuelve dañina, pues ha chocado con la estructura rígida, inamovible, y el paciente en estos casos, expresa por medio de su cuerpo el sufrimiento por el que ha sido desbordado.
El túnel, en rigor de verdad es virtual, porque nadie lo puede ver en sus semejantes, pero la propia persona lo vive y lo padece cuando rompe sus límites, que se ha ido organizando a lo largo de los años. Hay quienes tienen una estructura más rígida en su personalidad y en su visión del mundo en lo que hace a las normas, tanto propias como ajenas, y son éstos quienes más padecen, pues presentan un espacio muy acotado para desplazarse con flexibilidad propia  o con tolerancia que les permita  convivir con sus conflictos personales y con sus semejantes. 
Podemos resumir el planteo de lo observado diciendo que: hay situaciones intensas que son padecidas  y los  pacientes responden  con Convulsiones ó Dolores propios de la Fibromialgia, etc. 


Ejemplos prácticos donde se muestra el sustento de la teoría.

Un buen ejemplo de la utilización del lenguaje somático que se usa cuando el verbo no es suficiente, lo da la piel, que tiene el mismo origen embrionario que el sistema nervioso central. Por ello es tan común que frente a situaciones de estrés (generalmente en mujeres), presenten una reacción de enrojecimiento en la parte superior del tórax. Lo mismo se observación otras afecciones de piel, o de otros órganos.
Otro ejemplo importante son las fluctuaciones de la glucemia producidas a partir de situaciones de estrés lo cual es claramente entendible pues una descarga emocional se traduce en liberación de adrenalina que produce hiperglucemia además de hipertensión arterial entre otros.
Estas  expresiones somáticas (síntomas específicos), aparecen frente a una situación de estrés, frustración, angustia, y TAMBIÉN, cuando hay una situación de ALEGRIA que para ellos es desmedida. Resignifican  el placer o la sobreexcitación, más allá de sus límites tolerables, que configuran su propio túnel.
Un modelo colateral de expresión somática conductual sucede frente a un sobreestímulo ambiental, se observa en los niños, que luego de asistir a una reunión familiar hasta altas horas de la noche, con abundante ruido y numerosos estímulos, queda imposibilitado de  poder  conciliar el sueño, porque  la excitación persiste a lo largo de varias horas.

Alegría excesiva = ansiedad = síntoma físico.
Estrés  grave (intenso o crónico) = ansiedad = síntoma físico.

Mostramos un ejemplo detallado en forma minuciosa.

Paciente: Niño de 11 años: Juan 
A continuación comentamos sobre este paciente con déficit Intelectual y un núcleo psicótico, que presentaba convulsiones ante el aviso de que al día siguiente concurriría a un lugar de recreación  que le agrada sobremanera. Es un paciente, que compartimos con la Psicóloga Lic. Graciela Woloski, quien lo trata con diversos métodos para disminuir la hiperreacción del paciente, frente a la posibilidad de tener una situación de desbordante placer, como es ir a un centro de juegos donde se siente muy gratificado y feliz. También tiene la misma sensación cuando viaja en subte, lo que le ha producido crisis convulsivas durante el trayecto. O en otras circunstancias placenteras.
Lo mismo ocurrió cuando visitaron la casa de sus abuelos, lo que le produjo una sensación de alegría desbordante y convulsión a continuación.
La terapéutica es difícil y uno de los enfoques posibles y teóricos podría  ser  la de disminuir la magnitud del estímulo, reduciendo el umbral de significación y posterior reacción (desensibilización emocional) para una mejor tolerancia del impacto excesivo, tal como se hace con  tratamientos con vacunas para la alergia.
En este caso Juan, es un niño autista, con extrema sensibilidad a los estímulos internos y externos. Se tapa sus oídos frente a los ruidos de sirenas, alarmas, ascensores. Además, ese mismo gesto, lo hace cuando sus imágenes internas lo asustan o lo conectan con cosas prohibidas.
La Lic. Graciela Woloski, describe que Juan se estimula con música, tiene épocas que no admite salir de un determinado CD, repite estereotipos, hasta conocerlos de memoria, sabe qué número de orden corresponde a qué tema. Últimamente le gusta un CD de María Teresa Corral, cantos infantiles, que por comentarios de la mamá sé que se los enseñaba su abuela. 
La abuela  estimula a Juan con música, juegos de persecución. 
He visto videos filmados de juegos con la abuela, donde Juan corría y se metía en un placard. Cuando se enoja en el consultorio, porque pongo algún límite al uso indiscriminado y toqueteo de objetos no incluidos entre los materiales ofertados, se trata de esconder en el placard y ausentarse. Juan se estimula con música alegres, galopes de caballitos y se ríe hasta ponerse colorado. Trato de contenerlo, bajando el sonido, tomando caballitos y dramatizando la escena del galope, sacándolo de la conexión auditiva (excitación alegre = peligro de convulsión).  En mi  presencia, en las sesiones de consultorio, jamás ha tenido una convulsión. Me preocupo permanentemente por conectarlo con la realidad. Tiene momentos de alucinaciones, sobre todo frente a lo que le evoca la música y comienza a hablarle a sus dedos, con movimientos raros y balbucéos inentendibles. Lo saco del cuadro de desconexión.  Juan mira como despertándose de un sueño y deja de mover sus dedos con movimientos bizarros.  Sé por relatos de la madre que las convulsiones se dieron en ocasiones de mucha alegría que desborda su capacidad de tramitarla. Sus rutinas son pobres y muy limitadas. Cuando concurre a un  lugar de juego, amplio espacio, con construcciones grandes y bloques de distintos tipos, pelotas y propuestas de juego dirigidas con consignas a la familia, Juan goza mucho. El percibe lo diferente y la disponibilidad de todos los miembros (papá, mamá, hermanita y él) a jugar, expandirse con una coordinadora que los alienta, propone, estimula y acepta a Juan explorando sin restricciones. Ese lugar le provoca mucha alegría, es bien recibido. 
Otra situación que lo llena de alegría es viajar en subte. ¿Qué niño no se fascina con escaleras mecánicas, puertas que se cierran solas y andar en forma subterránea? Durante años Juan y su padre iban en subte o en colectivos, hoy desde los episodios convulsivos (durante el viaje en subte), sólo viajan en remises.  Otra situación super estimulante es estar con los abuelos que le brindan mucho afecto y diversión. Una de las primeras convulsiones fue en ocasión de llegar a la casa de los abuelos, con todas las expectativas que le despiertan. 
Es importante el trabajo de anticipación de estas situaciones, ligando a Juan  a lo que se viene.
La  Lic. Graciela Woloski, comenta:
Estoy intentando trabajar con la madre la verbalización y conexión con fotos, con dibujos, que representen aquello que se avecina, como forma de ir dominando el síntoma. Una de las primeras conexiones con  Juan fue a través de canciones como El tren se va... y la verbalización del viaje a lo de los abuelos y otros parientes con los que se iba a encontrar.   Necesito trabajar con los padres la exposición de Juan a las distintas emociones. 
El padre es más sensible a explorar las reacciones del niño. La madre con quien el niño tuvo todas las convulsiones, (en su exclusiva presencia), no registra el área afectiva movilizada, como relación emoción-convulsión.
Juan que está en un momento de pre-pubertad. Es un niño con funcionamiento psicótico, su Yo no terminado de estructurar. La tramitación de los afectos es difícil, necesita de auxiliares que vayan organizando su conexión y discriminación. El Yo no aparece con su función de inhibir la irrupción de excitaciones que terminan invadiéndolo y convulsionando.  El exceso de afecto es potencialmente traumático, si el Yo no logra constituirse como conjunto de representaciones investidas libidinalmente, cuya trama retiene representaciones e inhibe la irrupción de excitaciones displacenteras. Cuando esto ocurre se pone en peligro la continuidad psíquica. El Yo en constitución, va guiando los procesos de discriminación entre interior y exterior y entre alucinación y percepción, antecedentes del pensamiento y la simbolización.
(Consideraciones sobre el autismo; Juan José Calzetta, 2000. http://www.adolescenza.org/calzetta.pdf).

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